Nachrichten Quito - Equador

Diese Seite befindet sich derzeit teils im Aufbau, bald mehr Informationen.


elcomercio.com - Quito


13/10/2008 ‘Hay políticas municipales excluyentes’


Redacción Quito ¿Considera que el Gobierno local ha trabajado para enfrentar al racismo? Ha hecho un esfuerzo, pero en sus prácticas aún hay tintes de discriminación. La regeneración urbana de ciertos sitios ha implicado la inclusión de un grupo y la exclusión de otros. ¿A qué se refiere? Por ejemplo, en el Centro Histórico. Los indeseables fueron los comerciantes, mientras la clase media ahora tiene ese espacio abierto. Además, los metropolitanos viven siguiendo a los vendedores ambulantes, ellos son discriminados, aunque quieran disimularlo. ¿Cómo recibir al Día de la Raza? El Día de la Raza es una fecha de la tradición racista. Una base en la construcción de la colonialidad y el fruto de la clasificación social fue la construcción del concepto de razas, arraigado hasta ahora. ¿Hay que celebrar? El hecho de seguir celebrando el Día de la Raza muestra que aún sigue vigente la matriz colonial del poder y que no ha sido superada. Hay situaciones de discriminación y racismo evidentes en Quito, en el Ecuador y en los países andinos. ¿Cómo explicar eso? Una de las características de la constitución de nuestros pueblos fue sostenerse con la clasificación de razas y clases sociales. El racismo es una realidad social, pero hay que reconocer que tiene un origen colonial. No es algo que solo se expresa en el blanco, el indio o el negro, sino en las acciones y actitudes. La nueva Constitución plantea el concepto de interculturalidad. ¿Se puede aplicar en la práctica? El racismo y la discriminación son trabas para aplicar ese concepto. La interculturalidad es interesante, pero hay que entender que la sociedad no se despoja de los prejuicios tan fácilmente, se necesita un proceso. ¿Qué se podría hacer para mermar la discriminación en Quito? Se debe aprender a vivir con las diferencias. Crear campañas que tiendan a construir unión. Hay que trabajar con los niños ya que si enseñamos que el Ecuador es diverso, cambiarán. ¿Qué otros elementos deben cambiar para abolir la discriminación? Debe haber un mejor control de los medios de comunicación, sobre todo de los televisivos. Los niños aprenden lo que ven. Hay que auditar su contenido discriminatorio y racista para consolidar cambios paulatinos.

13/10/2008 La Pinta, una escala al sueño español


Redacción Quito La garúa no deja que el sol termine de brillar. A las 06:30 del miércoles, el frío hace que las manos de Lady (nombre cambiado) se cuelguen de sus bolsillos. Está congelada, nerviosa, en el sexto puesto de una hilera de gente, que se inicia tras una reja de acero, a pocos pasos del Consulado de España, en donde para entonces hay al menos 100 personas que buscan visa. Lady es de Manta y lleva en Quito tres horas, tras un viaje en bus. Es la tercera vez que la mujer de 30 años llega a la casa 455 de la calle La Pinta y Amazonas. Ella tiene el permiso de ingreso al país ibérico, pero el Consulado ha negado las visas a sus hijos en dos ocasiones. “Mi esposo trabaja allá, pero no quiero dejar a mis hijos solos”, dice mientras cubre a sus pequeños de la lluvia con un paraguas. Al igual que Lady, la guayaquileña Karen Álvarez tiene sueños en la Península Ibérica. “Aquí no hay trabajo; pero la barriga y la escuela de los niños no aceptan esa respuesta. Voy al País Vasco, a cuidar ancianos con mi suegra”, dice. La mujer tiene su billete de avión para el 17 de este mes, pero espera que en el Consulado le entreguen la visa. A las 08:00, un policía ecuatoriano advierte que la entrega de respuestas se da a partir de las 13:00. La mujer no se intimida con ese comentario que busca sacarla de la fila. Ella espera sentada en un banquillo de plástico, por el cual pagó USD 1. En La Pinta no es extraño que quienes aspiran a una visa esperen hasta ocho horas. La afluencia de gente multiplicó los comerciantes: en una cuadra se ofrecen comida, guantes de lana, discos y fotos tamaño carné. Pero los vendedores tienen restricción para acercarse al Consulado. La Pinta está cerrada con vallas de metal y la Policía prohíbe hasta tomar fotos frente a la casa diplomática color hueso. Cecilia Vega es una de las comerciantes informales más antiguas. Ella empezó a trabajar hace 15 años como tramitadora y después se dedicó a vender sus agua de anís, café y chocolate calientes. Cada vaso a USD 0,80. Ella llega a las 06:30 a la av. Amazonas, mas su labor empieza cuatro horas antes, cuando coloca el agua a hervir. Confiesa que le irrita ver a la gente que arroja los vasos vacíos en la acera. “Algunos vienen españolizados y si les digo algo me contestan: ¡vale, yo hago lo que quiera, porque este es mi país, vale!”. Para ella, las miles de preguntas de los solicitantes a los guardias sí tienen respuesta. Estas parecen interminables, ya que se repiten todo el día: “¿Qué pongo en la carpeta que llega al Cónsul?, ¿qué me falta?, ¿y si es para trabajo...? A lo que los gendarmes nacionales responden “copia del banco, cédula y la solicitud”, una y otra vez en la fila. Los candidatos a las visas buscan nuevamente en sus carpetas sobres de papel amarillo o en bolsas plásticas los documentos para comprobar que tienen todos los requisitos. La falta de información es la tónica en la dependencia española y eso atrajo a los tramitadores. Edwin Padilla, economista de profesión, reparte volantes que rezan: “Solución profesional para visados”. Allí están su número celular y la leyenda “Llame hoy, mañana será tarde”. Está orgulloso de su tarea. “En la ventanilla de información del Consulado no explican bien a la gente humilde. Mi asesoría es de calidad. Cuesta USD 20”. Pero la mayoría de comerciantes sabe el procedimiento que se lleva a cabo en el Consulado. “Tantos años aquí, uno ya se aprende los requisitos y las normas de memoria”, dice Giovanny Melo, un joven que trabaja desde el 2006 en La Pinta. Otras personas, que prefirieron no identificarse, coinciden en la falta de baterías sanitarias y de viseras para los días de lluvia. Este Diario buscó sin éxito la versión de la Embajada de España. En la hilera de aspirantes a visado, Lady arregla a la menor de sus tres hijos. Pero ella luce despeinada, sin tiempo para maquillaje o vestir su mejor traje. “Quiero regresar esta tarde a Manabí, porque en comida, hotel y pasajes gasto USD 80 al día. No me quedaré ocho días a esperar respuesta; volveré”.